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Significado del 19-20 diciembre 2001 en Argentina: Una aproximación a la rebelión popular
Nestor Kohan Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.
Texto extraído de La Haine
www.lahaine.org
:: La política en las calles y la crisis del liberalismo
¿Alguien se acuerda? Poco antes de ganar las elecciones
de 1999, el futuro vicepresidente Carlos Álvarez y Graciela
Fernández Meijide ("el Chacho" y "Graciela"
a secas, para el progresismo) martilleaban una y otra vez los
oídos populares con la consigna de que en Argentina ya
no iba más la política en las calles. Reclamaban
cerrar la campaña de la Alianza que llevaría a
De la Rua como presidente por televisión sin recurrir
a actos callejeros.
Escaso tiempo antes, el historiador Luis Alberto Romero (de
la Universidad de Buenos Aires) había cerrado una inmensa
antología de dos tomos sobre la historia de la ciudad
de Buenos Aires con un capítulo final titulado sintomáticamente
"El fin de la política en las calles".
La misma tesis era defendida en su programa de TV por Mariano
Grondona, mientras tomaba -emocionado- la mano de Lilita Carrió
y de otros miembros del ARI (el partido cabeza del progresismo
actual que tiene como lema "una República de Iguales").
¿Cuál era la alternativa liberal entonces en danza?
Manifestar la opinión individualmente y dentro de las
instituciones mediante el voto, como ciudadanos-contribuyentes,
sin caer en "el autoritarismo" de los que hacen política
en las calles y desde posiciones de clase al margen de la Constitución,
el Parlamento o los tribunales.
:: Resignificar El Argentinazo
Durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, en un
abrir y cerrar de ojos, cuando la experiencia popular de unas
pocas horas equivalen a muchos años y el tiempo se acelera
vertiginosamente desafiando al reloj, esa prédica liberal
y ese modo institucionalista de entender la política
cayeron en el vacío. El liberalismo burgués quedó
girando, aturdido, en medio del humo espeso de los neumáticos
quemados y los incendios callejeros.
Los medios de comunicación del sistema y todo el andamiaje
político institucional argentino se abocaron inmediatamente
después de las batallas callejeras a resignificar el
carácter del conflicto, la intensidad de la represión
estatal, la modalidad de la rebelión popular e incluso
hasta la identidad misma de los protagonistas.
Para los medios gráficos del sistema (incluyendo a los
"progres") la fotografía central de tapa fueron
las víctimas de la represión o el helicóptero
de De la Rua huyendo de la Casa Rosada. Ninguno puso en primer
plano a los trabajadores y a los jóvenes peleando en
las calles. El enfrentamiento de la lucha de calles y la lucha
de clases se esconde, se elude. Su lugar es reemplazado por
la cuestión institucional de la sucesión presidencial.
Pero no sólo eso. Los medios también trataron
de minimizar la incidencia de la rebelión popular, intentando
convencer a todo el mundo de que De la Rua se tuvo que ir más
por sus fallos en política económica que por la
lucha popular. Resumiendo: no fue el pueblo combatiendo en la
calle el que lo echó por su propia iniciativa, sino que
él simplemente... "se fue". El intento de expropiación
de la rebelión popular no quedó limitado a las
maniobras de los medios. Toda la dirigencia burguesa (incluyendo
no sólo al Partido Justicialista y a la Unión
Cívica Radical sino también a los "progres"
del ARI, el FRENAPO y el CTA) intentó encaramarse mezquinamente
sobre la rebelión y sacar provecho personal recorriendo
presurosamente los canales de TV cuando ninguno de sus dirigentes
puso el cuerpo en la lucha. ¿Dónde estaban los
jerarcas del peronismo que hoy se frotan las manos y se relamen
con el botín de una lucha ajena? ¿Y Lilita Carrió?
¿Y De Gennaro? ¿Y Horacio Verbitsky? ¿Y
las dos CGT? ¿Dónde estuvieron? ¿Alguien
los vió en las barricadas? ¿Alguien los vió
tirándoles piedras a la policía montada a caballo
o a los motociclistas policiales con itakas en la mano? ¿Alguien
los vió apedreando a los grandes bancos y entidades financieras
multinacionales? ¿Alguien los vió incendiando
las camionetas de la empresa de correspondencia privada OCA
hasta hace poco perteneciente al empresario Yabrán? En
serio: ¿Alguien los vió?
:: ¿Barbarie o rebelión de masas?
¿Caos? ¿Desorden? ¿Irracionalidad? ¿Locura
colectiva? ¿Desmanes? ¿Barbarie? Esas palabras
resonaron al día después de las jornadas de lucha
hasta el hartazgo por la radio y la TV. Obviamente no explican
absolutamente nada.
El quiebre masivo de la propiedad privada de los grandes centros
de distribución comercial de mercancías, ¿no
expresa nada? El costo de cerca de 30 millones de dólares
(según estimaciones de las empresas de seguros) que las
masas trabajadoras enardecidas cobraron al capital por todo
lo que éste le exprimió durante las últimas
décadas, ¿no expresa nada? ¿Son "vandalismo"
y "barbarie" o significan otra cosa? ¿Qué
obstáculos ideológicos de clase impiden hacerse
esas preguntas?
El tipo de luchas y el componente ideológico de los sujetos
sociales que desarrollaron esta rebelión popular de masas
inédita en nuestra historia fue notoriamente diverso
y matizado.
En el seno de este pueblo que se puso orgullosamente de pie
convivieron desde sectores obreros que no fueron a trabajar
y marcharon al centro de Buenos Aires y empleados de oficina
ligados a la pequeña burguesía que se fueron de
sus trabajos hasta movimientos de trabajadores desocupados y
estudiantes, todos entremezclados con vecinos, transeúntes
y manifestantes dispersos. Ideológicamente se cruzaron:
(a) algunos sectores urbanos (hasta ahora) despolitizados que
cantaban, con la olla y la sartén en la mano, "que
se vayan todos, que no quede ni uno solo" refiriéndose
a todos los políticos... en general; (b) sectores del
extremismo nacionalista, de origen autoritario y fuertes simpatías
por la derecha peronista (en el caso de los punteros barriales)
o incluso por militares represores con retórica "patriota"
como Seineldín y (c) sectores de la izquierda revolucionaria
que lograron superar el estrecho marco en que hasta ahora se
movían alcanzando en la calle y en las barricadas influencia
auténticamente de masas.
En cuanto al tipo de luchas y acciones que convivieron durante
las mismas jornadas -repartiéndose según los barrios
más céntricos o más periféricos,
tanto en la capital como en el interior del país-: a)
expropiaciones de comida de supermercados pertenecientes a grandes
firmas concentradas que han crecido notablemente durante la
última década menemista-delaruista; b) saqueos
a pequeños negocios barriales; c) protesta callejera
cortando avenidas, golpeando ollas y quemando basura en las
bocacalles; d) destrucción sistemática de bancos
y entidades financieras pertenecientes a la burguesía
argentina más concentrada y al gran capital; e) quema
de autos y camionetas (mayormente pertenecientes a grandes firmas
locales como OCA); f) destrucción de teléfonos
públicos pertenecientes a compañías españolas
y francesas que se habían apropiado -quebrando una huelga
telefónica a inicios de los '90- de la empresa argentina
ENTEL; g) destrucción de locales de comida rápida
de factura internacional, símbolos mundiales del american
way of life (McDonalds). En todos estos tipos de lucha se generó
invariablemente un enfrentamiento con las fuerzas de la policía
federal y las policías provinciales. En medio de tamaño
mosaico de distintos tipos de acciones y de tan diversos componentes
ideológicos se produjo una evidente lucha por la hegemonía
entre distintos proyectos políticos. Allí disputaron
desde sectores ligados a la derecha peronista y sus punteros
de barrios (principalmente en las provincias y en el gran Buenos
Aires) con agrupaciones y corrientes de izquierda anticapitalista
que intentaron orientar las expropiaciones sólo hacia
las grandes firmas capitalistas y las destrucciones callejeras
producto de la ira popular sólo hacia los bancos,
las empresas y los locales del gran capital.
:: Como siempre... El ejemplo de las madres
Las Madres de Plaza de Mayo, como en los peores tiempos de la
dictadura militar del general Videla, volvieron a poner su cuerpo
en la lucha de calles, marchando en medio de las peores corridas,
los gases más asfixiantes y la represión más
sanguinaria que los radicales supieron siempre implementar desde
los tiempos de la semana trágica y la Patagonia rebelde.
No menos de diez banderas de las madres (las azules con el pañuelo
blanco) marcharon alrededor de la pirámide aun durante
los momentos más sangrientos de la represión,
cuando la valiente policía a caballo argentina arremetía
sin piedad contra mujeres que en gran parte superan los 65 años
de edad (una de ellas tiene 90 años y fue derribada por
la policía, mientras varias otras recibieron palazos,
latigazos, gases lacrimógenos y balas de goma).
¿Dónde estaban mientras tanto los grandes "estrategas"
y los (supuestos) eruditos del marxismo que se cansaron de despotricar
contra Hebe de Bonafini dándoles letra a los medios de
comunicación del sistema en su reciente campaña
macartista contra las Madres? ¿Dónde estaban los
marxólogos que tanto desprecio mantuvieron y mantienen
frente a todos los "plebeyos" que luchan sin seguir
al pie de la letra los esquemas apolillados de sus catecismos
de escritorio? Antes con pantuflas, ahora con sandalias (porque
durante las jornadas de lucha hizo un calor tremendo...) estos
personajes caricaturescos siguieron, como siempre lo han hecho,
observando desde afuera -como si estuvieran en un laboratorio
de química o física- el modo en que otros (los
obreros, los estudiantes, los desocupados, los piqueteros y
las madres) enfrentaron las balas, los gases y los latigazos
de la policía.
Pero dejemos por un momento de lado las eternas manipulaciones
de los demócratas argentinos, para resaltar una nota
de color. Mientras las motos de la policía recorrían
todas las avenidas del microcentro porteño disparando
contra la multitud (llevando en cada motocicleta dos policías,
el de adelante manejaba, el de atrás disparaba con su
itaka, ambos con chalecos de bala y casco), el pueblo insumiso
contaba con su propia "infantería motorizada":
los motoqueros [mensajeros, empleados repartidores de correspondencia
en motocicleta] que arremetían masivamente con motos
y piedras contra los policías mientras enarbolaban al
viento una inmensa bandera argentina dando aliento a la multitud
que los aplaudía a rabiar. (Aclaramos rápidamente,
para que ningún pusilánime y ningún mediocre
nos acuse de "militaristas", "foquistas"
o "terroristas" que utilizamos la expresión
infantería motorizada en broma).
:: Una crisis orgánica
Cuando tantos ex militantes quebrados y ex revolucionarios frustrados
han hartado a quien quiera escucharlos con el prejuicio de que
"la juventud actual está perdida" y otras payasadas
semejantes, si hubo un protagonista central de estas jornadas,
ése fue la juventud. Una juventud sumamente combativa
que no se siente representada por los partidos tradicionales
del sistema ni tampoco por la burocracia sindical o las instituciones
juveniles de la Iglesia.
La mayoría de esas masas juveniles que pusieron el pecho
a las balas policiales y que pelearon con todas sus energías
en las barricadas del centro de la ciudad de Buenos Aires y
también en el interior del país no reconoce legitimidad
ni autoridad a la vieja dirigencia política de nuestra
burguesía. Se abre una oportunidad histórica para
la izquierda revolucionaria argentina. Una oportunidad que no
se había visto en décadas.
Como las Madres de Plaza de Mayo han venido insistiendo desde
hace muchos años y lo reafirman en las marchas de la
resistencia y piquetera, el camino, largo y difícil,
seguirá siendo el de la rebelión popular, es decir,
la lucha de masas en la calle. Una lucha que no es ni puede
ser parlamentaria o institucional. Los hijos e hijas del cordobazo,
esa nueva generación combativa que comenzó a forjarse
en estas jornadas de diciembre, será la encargada de
llevar esa lucha y esa resistencia hasta el final.
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